
Semejanzas
Había una vez un ser extraño. Nadie sabía con exactitud si era ángel, monstruo o extraterrestre. Mucha gente, incluso, prefería ignorar la situación y solía decir que era producto de la imaginación de los demás.
La gente parecía estar asustada, de modo que el gobierno solicitó a los laboratorios crear una sustancia para calmar los actos impulsivos de las personas. Y es que al gobierno no le convenía que la gente hablara del hecho; mucho menos que se dieran cuenta que no estaban haciendo nada al respecto.
Los laboratorios lograron hacer la sustancia, pero a un precio exorbitante. La sustancia dependía de la clase social a la que se vendiera para que tuviera éxito.
Muchos lograron evadir completamente la situación, dejaron de ver al ser. Pero la gente humilde, que no tenía dinero para comprar la sustancia, comenzaron a tenerle cierto cariño y respeto, de manera que comenzaron a ofrecerle con ritos y alabanzas y se olvidaron de la palabra del gobierno.
Muchos decían que los castigaba si eran malos con sus familias, si no tenían ciertas actitudes. Otros sólo acudían a él cuando les convenía. Otros mas no creían verdaderamente en él, sólo lo invocaban por sus intereses.
El gobierno aprovechó la situación para crear dinero y vivir de los demás. Reunió a muchas personas y creó un negocio próspero que comenzó a tener sus propias reglas y llegaron a dominar a todos a través del miedo y, con ello, obtuvieron dinero del pueblo.
Al gobierno no le importó la situación del pueblo, mientras las personas que trabajaban en su negocio no se metieran en los asuntos de ellos.
Mientras tanto, la gente acudía cada vez con mayor frecuencia al ser. Le dieron un nombre, un nombre supremo. Dejó de ser normal y se convirtió en una especie de dios. La gente, sin importar cómo o quién sea, siempre necesita creer en algo que tenga poder para hacer y deshacer. Lo realmente malo es que los mismos hombres lo toman como objeto de control.
La realidad es que para quienes tienen el control, no hay gente buena ni mala. Todo se rige por el dinero; lo que mueve a la gente es el interés. Y para formar un mundo mejor, hay que echar mano de un regalo que sólo proviene de Dios. Y no es precisamente la grandeza, sino lo justo. Creer en ti es hacer más por los demás.
Ese regalo es la fe.
Louana Aishiteru, 3°A