
Luz Irene Beltrán Nambo
Tus palabras se quedaron impresas en mi mente
tu olor permanece en mí y desearía poder ahogarte en un sueño,
aunque sé que seguirá conmigo tu recuerdo…
y tu sonrisa ilumina hasta el rincón más oscuro de mi ser
la verdad es que no sabría cómo vivir
sin el veneno que has inyectado en mí.
Pasos que vienen y pasos que voy dejando
para inventar un destino inimaginable.
Escuchando canciones del pasado
para poder callar tu voz con los cantos más locos que encuentre.
E ir forjando una sonrisa,
que sólo funciona cuando te veo…
porque la verdad no sabría cómo vivir
sin el veneno que has inyectado en mí.
Formas del camino que se van rompiendo
como los ríos al llegar al mar,
no sé si vuelva a oír el llanto de la niña que murió
en un sueño oscuro
o aquel sonido que se escuchaba de fondo como un arrullo;
has revuelto las cosas más perfectas y has anulado el deseo de despertar;
y a pesar de todo no sabría cómo vivir,
sin el veneno que has inyectado en mí.
Me gustaría ver la luna como antes,
sin gracia, sin melancolía;
pues desde que tú llegaste había podido ver el sol
hasta en la más oscura de las noches…
puedo desdibujarte de mis sueños y pintar con tus rasgos
el paisaje más hermoso sobre la faz de la tierra…
y es que no sé cómo vivir,
sin el veneno que has inyectado en mí.
Palabras ya dichas, no se pueden regresar
y comprender aquellas
que resuenan en mi cabeza, hasta crear demencia en mí;
cosas que cambian de rumbo,
son difíciles de retomar
aquellas calles que no se pisan, se van deteriorando con el tiempo
como una planta a la que han dejado por su cuenta
he visto a un hombre, volver a la vida después de la guerra
pero no creo que mi suerte sea la misma
porque no sé cómo vivir,
sin el veneno que has inyectado en mí.
Palabras dichas al viento no pueden expresar
lo que mi corazón canta con dolor.
Mi sangre derramada no alcanza para poder inundar el tuyo.
Cómo me gustaría deambular por tu jardín,
para que, cuando las flores crezcan, sepas
que tu veneno ha florecido ya.
Y es que estoy cansada de escuchar las mismas palabras salir de tu boca
aquella que hace mucho tiempo no tiene voz para mí.
Ahora tengo miedo de cometer los mismos errores
que te hicieron llegar a ese punto sin retorno.
No me dejaré caer como tú lo hiciste,
seré como el mar que se convirtió en océano.
A pesar de no poder vivir,
sin el veneno que has inyectado en mí.
Los sueños que he tenido
no muestran una señal divina,
sólo una desilusión endemoniada…
y no sé para donde mirar.
Mis palabras hacen añicos mi espíritu y lágrimas sangrantes caen por
mis mejillas.
Las ciudades son cada vez más grandes
y me asustan más de lo normal.
Necesito tu luz que me guíe a través de esta telaraña
de todas las palabras ahogadas que no he dicho…
y es que, a pesar de todo,
no sabría cómo vivir,
sin el veneno que has inyectado en mí.
No hay comentarios:
Publicar un comentario